Paradigmas.- Vaya que este fin de semana estuvo álgido en el ámbito político quintanarroense.

En un solo evento, la senadora Anahí González logró convertir su informe legislativo en una muestra de deslealtad, ambición mal calculada y abierta ruptura con el liderazgo que hoy gobierna el estado.

En lugar de informar, utilizó un acto institucional para intentar adelantar una sucesión que no existe, forzando la proyección de Rafael Marín Mollinedo, un personaje sin peso político real en la entidad.

El episodio de las porras no fue menor ni anecdótico: fue un mensaje político mal calculado. Mientras un grupo reducido intentó imponer a gritos un “gobernador” inexistente, la respuesta del recinto fue clara y mayoritaria: “¡Gobernadora, gobernadora!”. No fue consigna organizada; fue reconocimiento espontáneo del poder real. Mara Lezama no necesitó protagonismo: el liderazgo se ejerce, no se impone.

El error de Anahí González fue de fondo. Confundió cargo con autoridad y ambición con oportunidad.

Rompió, sin necesidad, la mínima línea de lealtad institucional y partidista, utilizando la presencia de la gobernadora para enviar un mensaje de ruptura interna que nadie solicitó y que políticamente se paga caro.

El contraste es evidente, de un lado está el marismo: gobierno en funciones, control territorial, estructura, respaldo social y resultados. Del otro, proyectos inflados, sin base política, sostenidos por videos grabados y porras artificiales. Rafael Marín carece hoy de territorio, de estructura y de agenda local; su intento de posicionamiento no solo fue artificial, sino contraproducente.

Hoy, Mara Lezama no solo gobierna: es reconocida como una de las mandatarias estatales mejor evaluadas del país, liderando el ranking nacional de aprobación ciudadana durante todo el 2025 según Consulta Mitofsky.

La sucesión no ha comenzado, y quien actúa como si ya estuviera en marcha suele quedar fuera antes de tiempo. Anahí González decidió colocarse del lado equivocado de la historia política del estado y lo hizo de manera anticipada e innecesaria, coloquialmente diría que no tuvo madre.

Pese a quien le pese, gobernadora hay una, se llama Mara Lezama, lo demás son aspiraciones adelantadas chocando contra la realidad del poder ¿no cree usted?

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